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El Laberinto Del Fauno

Febrero 25, 2007

 Bueno…Es una película que tuve la agrdable ocasión de acudir a ver al cine…

 La verdad es que me esperaba una película un tanto…”diferente”, y salí bastante contenta del cine, pues me esperaba que fuese menos fantasiosa… Me ha gustado bastante esa película. Hay que tener en cuenta que a mí me suelen gustar en general todas las películas de fantasía, pero el hecho de ver una en la que no todos los seres son bellos e increiblemente buenos, me ha interesado bastante. La forma en la que está contada y las diferentes formas de jugar con el entorno de Ofelia son muy interesantes, y para una persona rolera, se le saca bastante partido tanto a la ambientación como a las ideas generales y a los objetos que se utilizan [la llave, la tiza...]

 La Banda Sonora, por otra parte, es una gran aportación a la película, que le otorga bastante ambiente a las diversas situaciones que se viven en la película.

 También hay que decir que, a pesar de ser una película que me encantó, el hecho de verla con la gente con la que fui, fue lo más divertido, pues no dejaban de hacer chistes y cosas así, pero moló…estuvo way ^^

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Un Viaje En Barco

Febrero 24, 2007

Decidado a Thormen, que lo ha hecho posible ;) !

-.-.-.-.- 

 Llevaba ya un buen rato mirando al mar. Era su primera misión y le habían concedido el permiso para ser acompañada por quien ella quisiese. Aun daba las gracias al cielo porque precisamente Él hubiese aceptado. Ya hacía tiempo que ella había descubierto que era lo que la hacía sonreír todos los días, pero no se atrevía a decírselo.

 

 Desde que habían embarcado en el barco rumbo al continente, cerca del anochecer, ella había permanecido en la cubierta del transporte, mirando ausente hacia el mar, pensativa. Deberían ser alrededor de las tres de la madrugada cuando Él se acerco donde estaba ella.

 

-         Te vas a resfriar…

-         ¿Qué?- ella se volvió hacia él, rompiéndose su burbujita justo cuando él le colocaba una manta sobre los hombros.

-         Al menos abrígate…

-         No hace falta, si estoy bien…- mentira, estaba temblando de pies a cabeza.

-         Si tu lo dices…- sonrió.- Ya estamos bastante lejos de la fortaleza

-         Ya…pero aun así….- suspiró- Bueno…supongo que ya es hora de descansar…

-         Nuestro camarote es el del fondo del pasillo

-         Vale, gracias….- echando a andar hacia allí- ¿Me puedes echar una mano a quitarme esto?- golpeó un par de veces su armadura con los nudillos, haciéndola sonar

-         Me costará un poco encontrar los cierres, pero bueno…- era ciego, desde hacía bastante tiempo llevaba los ojos tapados con un pañuelo.

-         Yo te indico…es que yo no llego…

 

 Ella entró en el camarote, esperando a que entrase él, cerrando la puerta después.

 

-         Bueno, indícame…- acercándose a ella

-         A ver…ponme la mano en la nuca y baja un poco…encontrarás el primero- apartándose el largo cabello negro de la espalda, para que no le molestase.

 Ella fue indicándole el resto, estremeciéndose ligeramente cada vez que quitaba uno. Pero el problema vino cuando él ya iba bajando cerca de sus caderas.

 

-         No tan abajo, Uriel…un poco más arriba- sonrió

-         Lo siento- subió, desabrochando el último.

 

 Ella se lo agradeció, comenzando a quitarse su armadura. Para cuando terminó y  se giró, el muchacho rubio se había sentado en uno de los rincones de la habitación con su espada apoyada contra el hombro.

 

-         ¿Uriel? ¿Qué haces ahí? – le miraba sin entender

-         La cama es para ti – solamente había una, individual, en la habitación- Yo me quedo aquí- sonrió

-         ¿Eh? – sonriendo, se acercó a él- Uriel, no te preocupes…Yo me echo para un lado y nos metemos los dos – sonriendo aun.

-         Es que dormir juntos… – un poco rojo- Nada, si aquí también se está bien…

-         ¿Qué te pasa por dormir conmigo? ¿Te da vergüenza?- soltó una risita- No te preocupes, no voy a morderte ni nada por el estilo…

 

 Al final él aceptó y se levantó del suelo, quitándose la gabardina y necesitando la ayuda de ella para quitarse la coraza. Le llamó la atención ver su espalda completamente llena de cicatrices, pero prefirió no preguntar. Ahora fue el turno de ella, que a pesar de que sabía que él no era capaz de ver, se acercó a la otra esquina de la habitación, desvistiéndose y colocándose el pijama tranquilamente. Cuando se acercó de nuevo a la cama, él estaba solamente con los pantalones y la venda de los ojos, acurrucado en un rincón de la cama. Ella, serena, se metió a su lado, echando las sábanas encima de ambos y susurrando un pequeño “que descanses”. Al rato, al notarle dormido, se levantó con cuidado de no despertarle, sentándose cerca de la puerta con sus armas cerca, por si acaso.

 Le escuchó nombrar a alguien en sueños, pero no llegó a entender dicho nombre, pues ella ya empezaba a dormitar. Se despertó al buen rato, cerca del amanecer, cuando le escuchó pronunciar su nombre bastante alto.

 

-         ¿Luna?- pasando la mano por la cama, donde ella debería estar.

-         ¿MMm….?- bostezando y desperezándose- ¿Si?

-         ¿Dónde estás?

-         Aquí…-se acercó, cogiéndole la mano.

-         Vuelve a la cama, te hace falta descansar…

-         Si estoy perfectamente, no te preocupes…- le apretaba ligeramente la mano

-         Entonces haremos guardia juntos- se levantó, sonriente

-         Noooo…Tú quédate descansando- obligándole a tumbarse de nuevo

-         Si estoy bien, no tengo nada de sueño…- se levantó, cogiendo entre las manos su espada a la primera, brillando ésta ligeramente al ser tocada.

 

 Él se sentó a su lado, junto a la puerta del barco, a lo que ella, en un enfado bastante cómico, planteó.

 

-         ¡¡Pero Uriel!! ¿¡Quién iba a atacarnos en un barco!?

-         A lo mejor nos atacan las ratas…- muy serio

-         A las ratas les pegas un grito y se van acojonadas…- echándose a reír.

-         ¿¿Y si vienen con refuerzos?? – riendo él también.

-         Claaro…y nos rodearan todas a la vez y empezaran a subirnos por las piernas y a mordernos…

-         Si….que miedo…

-         Qué trauma @@… ¡¡Entonces moriré siendo comida por una rata!! ¡¡Nooo…!!!- dramatizando.

 

 Y él venga a reírse a carcajada limpia.

 

-         ¡¡AAAAHHHHH!! ¡¡Una rataaa!!- chilló, señalando a un pequeño ratoncito que acaba de aparecer, sin poder evitar reírse.

-         ¡¡Tranquila, yo te protegeré!!- cogió al animalito sobre la palma de la mano, un ratoncito realmente adorable.

-         Que monooooooooo – sentada al lado de Uriel, mirando al animal.

 

 Uriel cogió un trozo de queso de sus raciones de comida y se lo tendió al animal, que empezó a comérselo.

 

-         ¡¡Oye, tú!! ¡No lo alimentes a ver si al final se va a quedar a vivir contigo!- riéndose.

-         Entonces….- cortó otro trozo de queso, colocándoselo en la mano a ella, riéndose en voz baja.

-         ¿Por qué me lo das a mí?- con cara de no entender, pero finalmente el trozo de queso acabó bajando por su garganta.

-         Ahora tendrás que vivir conmigo- dejó al animalito en el suelo, que nada más tocarlo con las patitas, salió flechado hacia su guarida.

-         ¿Por qué dices eso?- estaba con las mejillas rojas, sonrojada.

-         Por lo que has dicho con el ratón….lo he aplicado contigo- sonrió, acercándose a la cama y tumbándose en ella, dejando su espada al lado.

-         ¿Y para qué?- seguía sin entender- En Tol Rauko somos una gran familia…

-         Si… es verdad… una familia…- se dio la vuelta en la cama, quedando de espaldas a ella- Te repito lo que me has dicho antes… ¿Quién nos iba a atacar en un barco…? Vuelve a la cama

 

 Ella se metió de nuevo a la cama, acurrucándose contra el borde, de espalda a él. La verdad es que no entendía a que había venido eso, pero bueno. Cerró los ojos intentando dormirse, pero no lo conseguía, no dejaba de darle vueltas a lo que había dicho Uriel.

 

-         Tes….tament….devúel….ve…mela….- entre sueños.

-         ¿Qué hay que devolverte, Uriel…?- de espaldas a él, hablando en voz bajita.

-         Mi…..alma….

-         Te la devolverán…- sonrió, dándose la vuelta hacia él.

 

 Él comenzó a moverse entre sueños y acabó prácticamente encima de ella. Luna pudo observar como aparecían lágrimas de debajo de la venda de sus ojos, y a pesar de estar algo nerviosa, le quitó las lágrimas lentamente, le besó la frente e, inconscientemente, le abrazó. Él, inconscientemente y el sueños, se abrazó a ella. Empezó a removerse y a restregarse, mientras Luna, frustrada, le zarandeaba intentando despertarle. Uno de esos movimientos fue tan brusco que él resbaló, casi cayendo de la cama, pero ella reaccionó rápido y le mantuvo en su sitio, exclamando su nombre en el oído de él, al fuerte, para que despertase.

 

-         ¡Qué!

-         ¡Me estás chapando!- completamente roja, con una cara de frustración increíble.

-         ¡¡L-Lo siento!!- también rojo- E-Es que suelo moverme en sueños…

-         No te preocupes, no pasa nada…^^

-         Por eso quería dormir en el suelo…

-         ¿Eso a que viene?

-         Nada, cosas mías…

 

 Y la siguiente conversación que se mantuvo, era ella, con voz de niña pequeña, mirándole fijamente enfurruñada, intentando averiguar a que se refería. Incluso le acusó de no confiar en ella.

 

-         No es que no confíe en ti, es que es doloroso recordar…

-         Pero aun así, hay veces que por mucho que duela, es mejor contárselo a alguien…

-         Está bien, si quieres saberlo te lo diré…Yo morí hace más de 20 años.

-         No tengo el mismo estereotipo de la muerte que el que se le suele dar a una persona que nunca ha luchado…- suspiró-

-         A cambio de mi alma…se me entregó una nueva vida y unos ojos malditos, pero al no haber cumplido el pago acordado, fui envuelto en un mundo de sombras.

-         Entiendo…- después de haber estado un rato en silencio

-         Estuve a punto de matar a alguien apreciado por mí, pero en el último momento dudé y perdí la vista…

-         Pero aun así, hay gente que te aprecia…

-         Si…supongo…

-         ¿Y sabes? ¡Creo que hiciste bien!- sonada contenta- Yo no hubiera sido capaz de hacer algo así…incluso…incluso habría preferido haber muerto….- sonrió, ligeramente entristecida.

-         Puede que tengas razón…

-         No te preocupes…seguramente esa persona no te guarde rencor…

-         Ya lo sé, lo que realmente me duele es que no dudé hasta el último momento…solo por conseguir volver a tener mis ojos y mi vida…

-         ¿Hubieras preferido matarle? Ten en cuenta, que al menos te diste cuenta a tiempo…

-         Si, tienes razón….- se tumbó de nuevo, a su lado.

-         Siento haber insistido tanto…- como una niña pequeña.

-         No te preocupes, era yo quién necesitaba sincerarse…

-         ¿Y por qué no lo habías hecho antes…?

-         No me gusta hablar de mí mismo…Además, lo único que les interesaba a mis jefes era que era buen soldado…nada más, ni mi pasado ni mi presente.

-         Bueno, pero ahora hay gente que si le interesa…- refiriéndose a sí misma.

-         Gracias…- cogiéndole una mano

-         No es nada- sonrió, apretándola ligeramente.

-         Aunque no lo creas, has hecho mucho…

-         ¿Ah, si? ¡¡Pero sino he hecho nada especial!! Solo….escucharte…y creo que eso era lo que te hacía falta…^^

-         Eso mismo, escucharme, con eso me has ayudado a sincerarme.

-         Bueno, pues ya sabes….yo no tengo problema en escucharte…^^

-         Te lo has ganado a pulso esta noche…- se levantó, besándole la frente.

-         ¿P-Por qué dices eso…?- roja, sin atreverse a mirarle

-         Por escuchar la historia de un pobre ciego…

-         Tú no eres un pobre ciego…- le rozó una mejilla con una mano, pero al darse cuenta de lo que estaba haciendo la alejó de allí inmediatamente.

-         ¿Ah, no? ¿Entonces qué soy?

-         Mmmm….una persona normal y corriente…como todos- sonrió

-         Claro, solo que no puedo quitarme la venda de los ojos porque os podrí…- se calló a mitad de la frase.

-         ¿Por qué podrías…qué? Continúa ^^

-         Porque no controlo la maldición de mis ojos

-         ¿Y qué podría pasar?

 

 Se lo explicó: En teoría, cualquiera que le mirase a los ojos sentiría un frío glaciar y tendría la impresión de estar mirando a un espectro, ya que a través de los ojos era de la forma que arrebataba el alma a aquellos que derrotaba.

 

-         Ahhh….ahora entiendo lo que me dijo Demian…- su hermano pequeño, que una vez luchó contra él y dijo que había visto un fantasma.

-         Aquello fue un accidente…

-         No te preocupes, está bien…^^- le revolvió el pelo, distraída.

-         Si….está bien…- acurrucándose al lado de ella.

 

 Entonces ella empezó a jugar con un mechón del cabello rubio de él, entretenida.

 

-         Si te molesta paro…es que lo hago por costumbre…

-         No, si me da igual…es más, me relaja…

 

 Volvió a hacerlo, y casi sin quererlo, se fue inclinando hacia él, comenzando a cantar una canción. [Olivia Inspi’ Reira – A Little Pain]. La canción era la que siempre le cantaba su madre cuando ella era pequeña, para dormirla, y de tanto escucharla, se la había aprendido. Mientras seguía cantando, él se pegó más a ella, para escucharla mejor. Ella, al ver si gesto, siguió cantando, alzando un poco más la voz para que la escuchase mejor.

 

-         ¿Te molesta…? – preocupada

-         Continúa…- sonriéndole- tienes una voz preciosa…

 

 Siguió cantando, y cuando notó que la miraba fijamente, a pesar de no poder ver sus ojos a través de la venda, se detuvo, un poco cohibida, pero como le pidió que siguiese, eso hizo. Hasta que la canción acabó. Luna seguía entretenida en jugar con un mechón de su pelo, a lo que se había sumado era a acariciarle una mejilla con la otra mano.

 

-         Ha sido preciosa…

-         Me la enseñó mi madre…cuando era pequeña, me la cantaba por las noches, para que me durmiera… ¿Quieres que te cante otra…?

-         Mientras sea con tu voz…

 

 Empezó a cantar otra canción. [Sowelu – Moon On The Water]. Uriel se pegó más a ella, apoyando la cabeza sobre las rodillas de ella, que aun permanecía arrodillada sobre la cama, utilizándolas de almohada. Para que le escuchase mejor, se inclinó más sobre él, rozándole una mejilla con el pelo y los labios, a lo que él, asustado momentáneamente, se giró para “mirarla”, rozándose los labios de ambos.

 

-         L-Lo siento, no quería molestarte…- completamente roja.

-         N-No…ha sido culpa mía, es que me he asustado al sentirte tan cerca…

-         Perdona…no volveré a hacerlo- estaba bastante nerviosa.

-         No…sino me molestaba…al contrario…me gustaba…

-         ¿Por qué…te gustaba?- había vuelto a acercarse y volvía a susurrar en el oído de él.

-         No sé…quizás…por sentirte cerca…

-         ¿Así…de cerca?- rozándole la mejilla con los labios.

-         Si…

 

 Ella le besó suavemente la mejilla, cariñosa, a lo que él sonrió levemente. Luna, dejándose llevar, cerró los ojos y comenzó a rozarle la mejilla con los labios y con la punta de la nariz.

 

-         ¿Serías mi luz….en mi mundo de oscuridad…?- preguntó él

-         ¿Querrías….que lo fuese…?- respirando suavemente sobre su oído.

-         Por supuesto…

-         Entonces…creo que estamos de acuerdo…- hundió la cabeza en su cuello.

 

 Él, acariciándole una mejilla, se acercó a ella, besándola dulcemente y abrazándola. Ella, algo nerviosa por el beso, pero relajada por el abrazo, simplemente se sentía en una nube. Uriel fue deslizando sus besos desde los labios de ella hasta su cuello, y desde ahí un poco más abajo. Ella, bastante nerviosa le detuvo un poco, completamente sonrojada, pero no era por nada en especial, así que él, con sumo cuidado, la recostó sobre la cama, colocándose sobre ella, desabrochándole los botones de la camisa, bastante calmado.

 

-         Uriel…- respiraba hondo, intentando tranquilizarse- ¿Está bien…lo que estamos haciendo…?

-         Solo si te sientes cómoda y a gusto…

-         S-Solo te quiero pedir una cosa…- completamente roja.

-         ¿Cuál…?

-         No vayas a hacer nada de lo que luego puedas arrepentirte…

-         No he estado tan convencido de nada como de esto en toda mi vida…- susurró en su oído.

 

 Un pequeño “gracias” salió atropelladamente de entre los labios de ella. Uriel terminó de quitarle la camisa, comenzando a besar todo lo cuerpo, lo que provocó que ella se sonrojase cada vez más, estremeciéndose con cada suave roce. Fue besando en dirección descendente, deteniéndose en el ombligo de ella, que cada vez que le notaba ir bajando, se ponía más nerviosa. Él empezó a desabrocharle el pantalón, pero antes de que acabase, ella se irguió, sujetándole el rostro entre las manos, besándole. Aprovechando dicho movimiento, Uriel se dejó caer hacia atrás, con ella encima, besándola aun.

 

-         T-Tee….te…- estaba tan nerviosa que no atinaba a decirlo.

-         Dilo…- él, sonriendo

-         Te quiero…- susurró escondiendo la cara en el cuello de él, susurrando lo más bajito y cerca de su oído que podía, abrazándosele después, avergonzada.

-         Y yo a ti…- la besó, notando como húmedo mojaba su mejilla.- ¿¡Te ocurre algo!?

-         ¡No! ¡No es nada!- restregándose los ojos, quitándose las lágrimas, y entonces, volvió a besarle.

 

 Él volvió a lo que estaba haciendo, continuando por donde lo había dejado, terminando de desabrocharle el pantalón. Ella, completamente avergonzada, se tapó la cara con las manos.

 

-         Uriel…Y-yo….¿D-Debería….hacer algo? Es que….no sé…y…

-         Puedes decirme lo que quieras…- subiendo a su altura.

-         E-Es que…a ver…- pensando en como decírselo.- veamos…yo no…yo ya….he…argg..T_T…

-         Tranquila, dímelo sin miedo…- besándola.

 

 Y entonces, a pesar de haberse trabado más que hablado normalmente, le explicó que ella, a pesar de no ser virgen, hacía tantísimo tiempo que no estaba con un hombre, que no sabía que hacer.

 

-         Pues es bastante grave…

-         L-Lo siento….- con cara de ponerse a llorar en cualquier momento.

-         Luna…te quiero y me da igual lo que hicieras…solo sé después de conocerte que…que te quiero…- la notó temblar ligeramente- ¿Acaso….tú a mí no…?

-         Más que a mi propia vida…

-         Gracias…-volvió a besarla.

-         Soy yo la que debe darte las gracias…

-         ¿Tan raro es que te quiera…?

-         Nunca….nunca me habían dicho algo así…

-         Yo nunca había sentido algo así…

-         Ni… ¿Ni con Jam?- la exnovia de Uriel.

-         Jam digamos que fue de pasada…pero noté que realmente no me quería…a veces creo que le daba miedo…

-         Tú no das miedo…- mirándole cariñosa.

-         ¿De verdad?- sonriendo

-         De la buena- sonrió.

 

 Él bajo de nuevo al maldito broche del pantalón, que ya empezaba a cansarle, así que ella le echó una mano. Cuando los pantalones hubieron desocupado su lugar, Uriel se entretuvo en pasear su lengua por las piernas de ella, Le hacía cosquillas y que la recorriesen escalofríos, así que la piel de Luna se fue erizando, a lo que él rió. Apartó la ropa interior de ella, escuchando un “qué vergüenza” en voz bajita, procedente de ella, comenzó a besarla, a saborearla. Después de la desfogación por parte de ella, él se terminó de desvestir, abrazándola.

 

-         Uriel…Q-Quiero que lo hagas…

 

 Y lo hizo. Ella se asustó un poco, hincándole las uñas en los hombros y en la espalda, mordiéndose el labio inferior para no chillar.

 

-         Tranquila…lo haré más suave- cambiando el ritmo.

 

 Como petición, ella le quitó la venda de los ojos, pidiéndole que la mirase mientras compartían dicho momento, juntos. Tras la explosión de placer que invadió ambos cuerpos, se quedaron abrazados, separándose al rato para acurrucarse el uno al lado del otro, durmiéndose, cansados.

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3X

Febrero 23, 2007

 Cerró suavemente la puerta de la habitación, sin hacer ningún ruido, sin perturbar el descanso de la persona que dormía sobre la cama. Con lentos y sigilosos pasos se acercó hasta el lecho protegido por finas y transparentes sedas blancas, velando por la seguridad de su ocupante. Las apartó a un lado, contemplado enternecido el rostro de aquella hermosa mujer. Sin siquiera darse cuenta, sus dedos rozaron sus cabellos de plata, apartándolos de su rostro con cariño.  Su rostro se contrajo en una pequeña mueca, y la mujer abrió los ojos cansada, vislumbrando algo borroso a su acompañante. Una sensual sonrisa curvó sus labios, y los alargados y esbeltos brazos rodearon el cuello de aquel muchacho.

 

 Él, inclinándose cuidadosamente sobre ella para no molestarla, susurró junto a sus labios un casi inaudible “hola…”, instantes antes de besarla con suavidad, casi con miedo a molestarla. Una de sus manos viajó imperceptiblemente bajo la algo desabotonada camisa de la mujer, que dejaba entrever el nacimiento de su pecho, confiriéndole un aspecto sumamente atractivo. Las yemas de sus dedos acariciaron su piel tostada, pintó dibujos sobre aquella piel acaramelada, dulce, notándola erizarse tras su paso. La muchacha tembló, notó un ligero hormigueo subir desde la boca del estómago cuando le escuchó pronunciar su nombre de aquella manera que solo él conocía, de aquella manera que conseguía erizarle la piel, de hacer palpitar más deprisa su corazón…de aquella manera que la hacía volverse loca.

 

 Un roce sobre los abundantes senos consiguió sonsacar un gemido por parte de la mujer. Miró a los ojos de aquel hombre que la hacía enloquecer con solo mirarla, y no pudo evitar hundirse en esos pozos azulados, en aquellos ojos que la hacían viajar al mismísimo cielo. Él besó sus sonrosadas mejillas, notándolas arder suavemente. Clavó sus ojos en aquel mar de oro, besando sus labios, mordiéndolos con suma delicadeza, haciéndola temblar por segunda vez. Ella era consciente de que aquello solamente era el principio. El muchacho bajó sutilmente por su mentón y su garganta, bajando hacia su clavícula y delineándola con la húmeda punta de su lengua. El pecho de la mujer subía y bajaba al compás de su aceleración, que poco a poco iba aumentando su ritmo bajo aquellas caricias.

 

 Uno de sus dedos rozó el pezón de la mujer, sobresaltándola ligeramente, mientras la boca del chico se entretenía en desabotonar los pocos botones de aquella camisa, que empezaba a molestarle. Con pequeños besos por todo su vientre apartó la camisa, acariciándole los hombros con las manos, apartándola con cuidado, jugando con su lengua a dibujar alrededor de su ombligo, provocándole ligeros sobresaltos al notar algún que otro pequeño mordisco o beso.

 

 Decidió que llevaba demasiado tiempo sin actuar. Sus manos jugaron con el borde de su camiseta, tirando de ella hacia arriba, sacándosela por la cabeza. Él se separó solamente un instante para deshacerse de la camisa, pero rápidamente sus labios volvieron a tomar contacto con aquella piel caliente. Notó los dedos de ella enredarse en su pelo, jugando con las plateadas hebras como un niño con un juguete nuevo. Las manos de él le acariciaron las caderas, bajando suavemente por sus piernas, levantándole las caderas ligeramente, apartando la ropa interior de ella con cuidado.

 

 La lengua de él continuó su travesía, descendiendo, abriéndose paso para penetrar lenta y deliciosamente en el cuerpo de ella. El cuerpo de la muchacha tembló, y su excitación la obligó a arquear levemente la columna, elevando un poco las caderas, lanzando la cabeza hacia atrás, apretando la tela de las sábanas entre sus dedos, intentando contener frustradamente un gemido que finalmente escapó de entre sus labios, ahogado, claro, excitante.

 

 El muchacho avivó el movimiento de su lengua, profundizando más sobre el cuerpo de ella, a la vez que sus manos le acariciaban las caderas. La saboreó por completo, y con mucho cuidado, uno de sus dedos sustituyó a la lengua en su trabajo, penetrando en ella con lentitud, palpando, intentando no dañarla. El chico escuchó su nombre entre un par de gemidos más, elevándose sobre el cuerpo de la mujer, sin dejar de juguetear dentro de ella. Adoraba ese tono sonrosado que teñía sus mejillas, perceptible incluso el color tostado de aquella apetitosa piel. Besó sus labios sonrosados, abriéndose paso entre ellos, encontrando su lengua con la de ella en un beso dulce y a la vez apasionado.

 

 Entonces ella se arrodilló sobre la mullida cama, notando aun el suave vaivén en su interior. Sus manos jugaron con el borde del pantalón, y más tarde con el elástico de la ropa interior de él, para terminar por introducirse pasivamente en su interior. Desnudó al muchacho, tirando de él y subiéndole a la cama. Él se dejó llevar, consciente de lo que pretendía. La mujer besó sus labios, sus mejillas, y finalmente comenzó a jugar con el lóbulo de su oreja entre los labios, dejando escapar algunos gemidos, respirando entrecortadamente sobre ella.

 

 Sus gemidos se entremezclaron cuando ambos proporcionaban el mismo placer al cuerpo del otro, y con algo de torpeza momentánea, el muchacho sentó a la chica sobre sus caderas, penetrando en su cuerpo sin prisa, lenta y cariñosamente, a la vez que sus labios se encargaban de besar y apresar los de ella, tranquilizándola. La mujer situó sus piernas a ambos lados de las de él, besándole los ojos y los labios con cariño. Él se dedicó a besar su cuello, a lamerlo y a morderlo ligeramente, intercalando algún pequeño gemido rebelde que no había querido resistirse a salir.

 

 Ambos cuerpos se fundieron en uno solo, sus respiraciones se aceleraron, sus gemidos comenzaron a inundar la habitación y el nombre de ambos, procedente de los labios del otro, se alzaba sobre las corrientes de gemidos de placer. La excitación crecía por momentos, gemidos cada vez más altos, más fuertes, más claros. Se fue concentrando en aquel lugar que se supone debería ser prohibido, cada vez se concentraba más, el cupo estaba al máximo y cuando ya no pudo superarse, ambos estallaron en una explosión que dejó ambos cuerpos entumecidos y derrotados, pero unidos.

 

 Deslizándose con delicadeza, el muchacho atrajo a la mujer hacia él, abrazándola de forma protectora, temiendo que todo hubiese sido un sueño y que nada de aquello hubiera ocurrido, temiendo que de un momento a otro se esfumase y la cruda realidad le golpease de manera contundente en el rostro, demostrándole que todo aquello no había ocurrido jamás, que nunca sería capaz de tocarla o de poseerla, que le era imposible alcanzarla.

 

 Y allí yacieron dormidos, sobre las revueltas sábanas del blanco más puro, mientras ambos cabellos plateados quedaban envueltos entre si, bañando los cuerpos de sus dueños, cubriendo el cabello de ella el pecho de él, mientras una de sus manos reposaba junto a su corazón, notándolo latir de verdad, notándolo latir por lo que acababan de hacer, notándolo latir por ella y nada más que por ella.

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Long…Long Time Ago…

Febrero 21, 2007

 Mucho, mucho tiempo atrás…en una tarde lluviosa como la de hoy, se erigía un enorme bosque que en su interior encerraba miles de pequeñas luciérnagas. Durante el día, el bosque mostraba un aspecto sombrío, e incluso a veces, tenebroso. Sobre las copas de sus árboles se posaba una espesa neblina, a través de la cual a veces se podían ver y oír los graznidos de los cuervos…

 Cuenta la historia, que cuando la noche sucumbía, el bosque liberaba a todas sus luciérnagas, que bailaban entre las ramas de los árboles felices, obsequiando a cualquiera que divisase dicho espectáculo, una visión mágica del lugar. Entre la gente del pueblo cercano, se rumoreaba que era un lugar maldito en el que una vez, dos jóvenes amantes perdieron la vida. La historia llevaba viva tantos cientos de años, que se contaban verdaderas barbaridades de aquellos jóvenes. Se decía que los habían asesinado sus respectivos amados, o que incluso habían muerto el uno a manos del otro por no poder compartir su vida.

 Y a pesar de ello, la realidad no distaba mucho de la ficción: Los dos jóvenes amantes eran un joven ladronzuelo y una princesa, hija del Rey que gobernaba aquellas tierras, que tras la guerra se había enamorado perdidamente del apuesto joven. Con miedo a las represalias que podría haber, decidieron huir en una tarde lluviosa. Se adentraron en el frondoso bosque al atardecer, arañándose y magullándose por las zarzas y demás ramificaciones. El Rey les siguió, y cuando les alcanzó en un claro del bosque, ante un beso de amor de los dos jóvenes, los asesinó atravesándoles con su espada, marchándose de allí antes de que amaneciese y el bosque le tragase para siempre, tal y como se rumoreaba que ocurría. La joven princesa, abrazada a su amor, se quedó sobre él, cuando ya descansaba sobre el suelo, sin vida, esperando a que la muerte también la llevase a ella.

 Y  antes de que aquello ocurriese, ante ella apareció una pequeña hada del bosque, que la miró con gran curiosidad dibujada en sus ojos. La joven, llorando dejo resbalar una última lágrima antes de fallecer. El hada curiosa, mantuvo la lágrima entre sus manos y de repente comenzó a tomar forma. Se convirtió en un cristal precioso, más brillante que un diamante, y entonces el hada la dejó caer al suelo, lugar en el que debía permanecer.

 La lágrima cayó, rompiéndose en miles de…Trozos de Cristal.

Una de las luciérnagas del bosque…

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1st Post…de prueba

Febrero 14, 2007

Tal y como dice el título…estoy comprobando esto ^^